Una madre grande

10 Mayo, 2017
Una madre grande

En la Biblia hay ejemplos de mujeres que sobresalieron en distintos campos. Sin embargo existe una mujer, de la cual ni el nombre conocemos, y cuya hazaña de ir a buscar a Jesús en favor de su hija, la cual estaba poseída por un demonio, la convierte en un ejemplo grande de maternidad y cuya fe fue elogiada por Jesús como una fe “grande”.

La narrativa bíblica nos cuenta que la mujer tuvo que vencer varios obstáculos, entre los cuales quiero destacar tres: El obstáculo de la inferioridad, ya que en aquella época los judíos le asignaban a la mujer el estatus de un ser inferior, ni siquiera de segunda sino de tercera categoría, y sin embargo el hecho de ser mujer no la detuvo. El acercarse a Jesús, a riesgo de ser rechazada, ridiculizada o bien despedida, no fue barrera para ella, ya que en cierta medida si enfrento estas cosas pero jamás se dio por vencida porque la motivaba su amor de madre; que también es lo que impulsa a muchas madres hoy en día a enfrentar esos mismos obstáculos.

Por otro lado, esta valiente mujer también venció la barrera del anonimato; ¿Quién era ella? ¿De dónde venía? ¿Qué “influencia” poseía, o quién la recomendaba para que Jesús la recibiera? Su nombre no figura, solo se le conoce como una mujer Ciro-fenicia y nada más. Pero la grandeza de ella no estaba en su apellido ni en su círculo de conocidos, sino en su corazón, como es el caso de muchas madres “anónimas” pero cuyas hazañas el cielo conoce muy bien, y en la tierra debieran ser publicadas. Madres “sin nombre ni fama” pero cuya gloria no pasa desapercibida para Dios, pues seguro estoy que Él sabrá honrarlas grandemente.

Y en tercer lugar, esta madre grande, tuvo que sortear la barrera de la etnicidad, pues el hecho de ser de la región de Ciro y de Fenicia, la descalificaba automáticamente para recibir la liberación para su hija. Sin embargo su nacionalidad no fue impedimento para que luchara y para que finalmente, lejos de terminar con vergüenza y fracaso, termino escuchando de parte de Jesús, uno de los elogios más hermosos que existen, al decirle: “Oh mujer, grande es tu fe” Elogio que muchas madres seguramente también merecen porque han sabido luchar y vencer por su fe puesta en Dios.

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